El placer de la lectura... o lectura con placer

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El placer de la lectura... o lectura con placer

Mensaje  Lara Croft el Sáb Mar 05, 2011 9:55 pm

De los mejores que he leído de Pandora...


'Me disculpan si no me paso al porno'

No hay color, no señor. No es lo mismo que te lo cuenten que vivirlo en directo, así es que el pasado fin de semana me marché al Salón Erótico de Barcelona a aprender un poco de los profesionales del sexo. Hice a todo correr la maleta, pero no me olvidé de meter dentro una buena provisión de preservativos. Estuve dudando si echar algún que otro juguete erótico (por si acaso), pero después de pensarlo un rato, opté por entregarme al cuerpo a cuerpo y dejé a mis amantes eléctricos a buen recaudo en el armario.

Así es que, allá me fui el viernes por la tarde, con mis mejores galas y un par de condones en el bolsillo, por si conocía a alguien interesante, nos apretaban las ganas y no nos daba tiempo de volver de Cornellá (anda que a donde se han llevado la feria...).

Al llegar, ya me pareció que estaba todo un poco desangelado. Diez escenarios por allí distribuidos, 15 ó 20 tipos de megafonías diferentes compitiendo a ver cuál nos levantaba más dolor de cabeza, tres o cuatro barras y una veintena de puestos tipo feria de muestras que eran de todo menos el culmen de lo sugerente.

Cuando vi una ristra de tangas de todos los colores colgando de una cuerda, como si los acabaran de lavar, me temí lo peor. No mejoró mi impresión tras encontrar una colección de dildos realistas en uno de los stands, donde además había un cajón con presuntos juguetes a precios irrisorios que me temo estarían descartados por algún motivo inconfesable. Pero dejé de mirar los expositores cuando me topé con uno en el que vendían DVD que, por lo que pude ver en el televisor, eran encuentros sexuales de lo más desagradables, tirando a brutales, en los que una jovencita (entre felación y felación) escupía sangre. Lo peor es que, si estaban allí será porque hay gente que los compra. En fin...

Con la moral un poco por el suelo, me centré en hacer la ruta de los escenarios y, después de recorrerme el recinto de cabo a rabo (nunca mejor dicho), me traigo cinco apuntes para no olvidar.


Ilustración: Luci Gutiérrez

El primero es que en el sexo hetero, todo está inventado. Pensaba yo que, al acudir a un acontecimiento en el que se iban a concitar no menos de 100 encuentros sexuales, algo nuevo aprendería. Pero que el guionista (¿hay guionista?) no sepa ir más allá de la pertinaz rutina (besos, caricias genitales, felación, cunnilingus y penetración, primero vaginal y después anal), me parece a mí que es apostar muy poco por el enriquecimiento sexual del respetable. Claro que, el respetable... andaba por ahí metido a realizador de cine porno con profusión de cámaras y teléfonos móviles (al menos sabías lo que estaban haciendo con las manos).

Mucho mejor se lo montaban las chicas solas. Por eso una estrella es una estrella, y ahí estaba Anastasia Mayo rociando al personal de las primeras filas con algo que espero que fuera una eyaculación simulada con agua. Es lo que tiene la curiosidad, que empapó al gato...

Ante la ausencia de argumentos seductivos, el pánico escénico campó por sus respetos y dejó a los hombres a los pies de los caballos. Yo no he visto más catalepsias genitales juntas en mi vida. Y no sólo de voluntarios aficionados (lamentable el espectáculo que dio un joven depilado como un huevo duro que no vio crecer su miniyo, aunque la moza con la que compartía la intimidad del proscenio, le frotó, acarició e, incluso, se dejó lamer en partes tan delicadas que nadie en su sano juicio rendiría a un desconocido).

Tampoco los profesionales empezaron bien la noche, y hubo incluso algún pitido entre el público, cuando un señor de reputadas erecciones insistía en meterle a la actriz un pene morcillón por la boca, por delante y por detrás. Ella, hastiada, le dejó hacer hasta que los dos, frustrados, se tuvieron que rendir a la evidencia. Lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible.

Supongo que por eso siempre viene bien tener preparado un dúo lésbico para cuando te fallan el público y los actores (tercera lección). Básicamente, porque una mujer nunca decepciona y, si son dos, ni te cuento. Es fácil: sólo necesitas un par de actrices duchas en esta práctica, dispuestas a montárselo juntas. No importa que la situación las excite menos que una misa de funeral corpore in sepulto; para eso existen los lubricantes y los speakers enrolladetes ("estas dos gatitas están muy calienteeeeeeessss", y así todo). La fiesta suele acabar con una de ellas o las dos con dildos y vibradores incrustados en todos sus orificios de entrada y salida, como si fueran acericos. (Mi admiración y sincero respeto por estas abnegadas damas del entertainment, en serio).


No todo fue decepcionante, hay que ser justos. Los tuppersex organizados en la sala de usos múltiples registraban a última hora de la noche un lleno hasta la bandera y no me extraña. No sólo porque allí estaban las últimas novedades en juguetería y lubricantes, sino porque los impartían los chicos de Sexshopchannel (con el guapísimo Óscar Ferrani como maestro de ceremonias). Yo no sé si me quedé alucinada o muerta (porque creí ver que Ferrani se ruborizaba cuando me pasaba los cachivaches), pero me pareció oír una pregunta de un caballero sobre los estimuladores prostáticos que, a la sazón, se introducen directamente por el culo. Cuarta (impagable) lección: algunos hombres están sinceramente interesados en los juguetes eróticos para nosotras, pero también para ellos. ¡Aleluya!

Después del tuppersex decidí darme una última vuelta antes de marcharme y me paré a contemplar el show de Diana Dean que le daba tantas vueltas a la barra vertical que pensé que se acabaría mareando (o ella o nosotros) . No me di cuenta de que llevaba varios minutos chupando distraida la capucha de mi boli, hasta que se me acercó un espontáneo y me ofreció trabajo:

-”¿Te gustaría hacer un casting?”. Miré al sujeto de hito en hito sin dar crédito.

-”Perdona... ¿Has dicho un casting?”.

-”Sí, de actriz”.

-"Ya, y para eso... ¿te la chupo aquí o nos vamos a algún sitio?". ¡No te fastidia!

Al final, con el acaloramiento, no me quedó claro si con eso me proponía que le demostrase mis habilidades felatorias o mi legendaria capacidad de domar cualquier montura, pero no me cabe duda de que nunca antes me habían invitado de forma tan profesional a bajarme las bragas. Así es que, para la próxima vez, me apunto la quinta y última lección como la más importante: asistir sola a estas ferias te convierte automáticamente en parte del espectáculo.

De regreso al hotel, cuando buscaba dinero para pagar el taxi, tropecé con la parejita de condones que había echado en el bolso a primera hora de la tarde. No pude evitar acordarme de aquello que decía mi abuela. ¿Cómo era? ¿Ir a por lana y volver trasquilado? Pues eso.


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Re: El placer de la lectura... o lectura con placer

Mensaje  Lara Croft el Sáb Mar 05, 2011 9:56 pm

Más Pandora...

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/lac ... nmigo.html


'Sexo telefónico... vale, pero conmigo'


Ahora que Eugenio, el marido de mi amiga Marta, está en un congreso en Bilbao, nosotras tenemos más tiempo para vernos. Como desde que se deshizo de Dafne y su complejo para siempre, Marta se ha vuelto más que fogosa, insaciable (lógico, la pobre tiene que recuperar el tiempo perdido), la curiosidad me corroe y no he podido evitar preguntárselo.

-”Bueno, y ahora que tu hombre se ha ido, ¿cómo te organizas? ¿Cómo lo hacéis? ¿Quieres algún juguete para no perder la costumbre?”.

-”Lo hacemos por teléfono, claro”.

-”Claro, claro...”.

Al parecer, según cuenta, ella le llama por la noche al fijo del hotel y tienen tórridas y largas conversaciones en las que se baja mucho la voz y se sube el tono de los gemidos.

-”¿Y siempre acabáis con un orgasmo?”.

-”Por supuesto. Lo bueno del teléfono es que no tienes que hacer gran cosa. No es gimnástico ni sudoroso. Yo estoy tumbada en la cama y él me va calentando con lo que dice que va a hacerme. Además, ¿quién sabe acariciarte mejor que tú misma?”. La explicación de Marta me ha dado que pensar.

Conozco a algunas personas a las que no les gusta masturbarse porque les parece un poco triste el sexo en solitario. Así es que, a lo mejor, con alguien al otro lado al que contarle y que te cuente, puedes recrear la fantasía de que estás acompañado (aunque estés más sólo que la una a la hora de limpiarte los restos, claro).

Es evidente que para eso se inventaron las líneas eróticas; porque hay un negocio enorme en ayudar a dar placer a quien no sabe cómo o a quien sabe muy bien cómo, pero le van otro tipo de fantasías.

Por ejemplo, yo tuve un novio hace tiempo al que le gustaba acostarse con el teléfono casi tanto como conmigo y, a veces, se empeñaba en hacer llamadas mientras me dedicaba unos minutos de preliminares.

Me acuerdo de una vez, cuando llevábamos juntos unos cinco o seis meses, que puso el teléfono encima de la mesa. Tras quince minutos de besos, caricias y jugueteos y yo ya estaba más caliente que una plancha, en lugar de hacer lo que se esperaba de él, se dio media vuelta, cogió el teléfono y se puso a marcar.

-”Ehhhhh. ¿Tan urgente es?”, pregunté sin pretender parecer impaciente.

-”Espera. A ver quién hay esta noche”. Y se puso a escuchar mensajes procaces dejados por otras personas que esperaban ser seleccionadas. “Vamos a grabar un mensaje nosotros, Pandora, a ver quién nos llama”.

-”Estarás de broma...”. Pero no, de broma nada. Hablaba muy en serio y no sé cómo me convenció para participar en ese juego surrealista, pero acabamos grabando un mensaje como Venus y Marte (“Hola. Yo soy Venus”. “Y yo soy Marte. Y estamos muy cachondos”. “¿Quieres montártelo con nosotros?”) y escuchando citas igualmente ridículas de gente que estaba bastante más sola que nosotros.

Después de 10 minutos de dar vueltas por los distintos buzones, mis ganas de sexo estaban más muertas que las plantas de mi salón.

-”¿No te vale con las cosas que te digo yo? Puedo ser mucho más obscena hablando, si quieres... ¿Puedo saber qué buscas?”, le pregunté bastante mosqueada.

-”A otra pareja como nosotros, para que nos cuenten lo que hacen”.

-”Yo te digo lo que hacen: el ridículo, como tú. Yo me acuesto, héroe. Tú sigue ahí y, si les encuentras, a ver si te dicen dónde están y te vas con ellos. No hagas ruido al cerrar la puerta”.

En realidad, me da la impresión que lo que Marte necesitaba era un trío más que una tarifa plana (aunque sus facturas de teléfono eran una cosa aparte).

La última vez que le vi, ni se dio cuenta de que me vestía y me marchaba de su casa, mientras él seguía haciendo una ronda de reconocimiento en una línea erótica en la que a las teleoperadoras debían estar más que aburridas de escucharle.

Luego, cuando me llamó como un energúmeno para pedirme explicaciones por dejarle con el calentón, no pude evitar castigarle a su manera:

-”Si quiere escuchar un orgasmo, pulse el uno. Para oír una mamada, pulse el dos. Si lo que quiere es echarle un polvo a Pandora, va usted listo”.

Si yo lo entiendo bien, no es lo mismo hablar con tu legítima que llamar a otra señora y decirle qué te gustaría hacerle con lo que tienes entre las manos. Que me lo digan a mí, que tuve que cambiar de número hace unos años, porque una joven enajenada, convencida de que yo le había robado a su novio (y no es cierto, no dijo que estaba comprometido), publicó mi número en la sección de contactos de un periódico con el siguiente mensaje: “Llámame y córrete en cinco minutos”.

Y a mí, qué queréis que os diga, aunque sea por teléfono, me gusta tomarme mi tiempo.


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Re: El placer de la lectura... o lectura con placer

Mensaje  Lara Croft el Sáb Mar 05, 2011 9:57 pm

'Tu voz me excita'

Voy a confesaros una cosa: tengo un enganche telefónico con un tipo de Sistemas. Antes de que me despidan, tengo que aclarar que no se trata de sexo. Es que, desde que tuve una avería en el ordenador hace un par de semanas, no puedo resistir la tentación de imaginar pequeñas “disfunciones” en mi equipo de trabajo para tener una excusa con la que amarrarle al otro lado del teléfono mientras me soluciona el entuerto.

Tiene una de esas voces graves, joven, un poco rocosa (a medias entre Constantino Romero y Ramón Langa, el actor que dobla a Bruce Willis) y, desde la primera llamada que me cogió, se me erizó la piel de tal forma que tomé inmediatamente nota de su nombre y su puesto de trabajo y desde entonces sólo pregunto por él.

-"Hola, buenos días, le atiende la posición 41**. Mi nombre es Carlos, ¿en qué puedo ayudarla?”.

¡Guau! Creo que no había oído nada más sexi en mi vida (no por la frase, obviamente, me hubiera dado igual que me hubiera recitado la lista de la compra o la escena del sofá de Don Juan Tenorio).

Habrá quien piense que lo mejor sería dejar este enganche imaginario, tirarme al monte y pedirle una cita (o suplicarle que venga a revisar el equipo en persona), pero de toda la vida se ha dicho que, “si la voz del locutor te enamora, no te pases por la emisora”, y yo soy muy fiel a mis refranes.

De todas formas, creo que debe de ser mutuo porque, lejos de molestarle lo que es claramente un abuso de su disponibilidad, recibe todos los días mi llamada casi con la misma alegría con la que yo le llamo. Hoy, cuando le he pedido disculpas por el exceso de trabajo que mis pequeños sabotajes le ocasionaban, me ha respondido:

-”No se preocupe, es un placer. Además tiene una voz muy bonita”. ¡Toma ya!


Una vez, un profesor de teatro me dijo que tenía una de esas voces graves de mujer perfectas para los programas nocturnos de confesiones y para las líneas eróticas. Y vive Dios que he explotado bien esta faceta (gratis, claro). Todos mis novios se han llevado siempre un gran recuerdo de mis llamadas nocturnas; pocas ha habido que no han terminado en una profusa y celebrada eyaculación.

Por desgracia, al contrario no siempre he tenido la misma suerte. Y es que yo he oído de todo: desde novios con voces de barítono que me volvían del derecho y del revés con sólo decirme lo que pensaban hacerme, hasta verdaderas voces blancas que, antes de pasar por mi cama, durante una temporada incierta me hicieron pensar si el interesado no sería un castrato.

El caso es que está demostrado que hay voces para la ternura y voces para el sexo. Yo tuve un novio que era un experto imitador capaz de llevarme del enfado al orgasmo casi sin tocarme, sólo cambiando las voces y soplando suavemente en sitios estratégicos de mi cuerpo.

En el otro extremo, tengo un follamigo, Óscar, al que siempre parece a punto de cambiarle la voz o de quedarse sin ella: es abrir la boca y por ahí le sale gallo tras gallo. Al final, después de dos o tres ataques de risa, decidimos que, cuando quedáramos para echar un polvo, en cuanto nos quitáramos la ropa se acababan las palabras. Así es que follamos como mudos desesperados en sesiones eróticas en las que todo hay que adivinarlo por los gemidos de aprobación del otro. Y oye... también tiene su encanto.

Últimamente, cuando viene a casa aprovecho y doy rienda suelta a una de mis fantasías auditivas más antiguas: Bruce Springsteen. Pongo su música y me dejo llevar.

Sí, lo confieso: la voz de El Jefe me pone. Me excita hasta límites poco confesables. Hace unos años fui con Elena a un concierto suyo al Bernabéu y pensé que me daba algo escuchándole entre tanto hombre sudoroso y guapo. Y yo condenada a oírle y a mirar sin atreverme a tocar(me) nada, con el cuerpo en tensión atenta a cada roce por si alguno era un poco más que fortuito. Fue mágico, enloquecedor y tan excitante que mi sexo despertó al oír su voz. En memoria de aquel día, a veces me pongo sus cds de hilo musical mientras me doy alguna alegría solitaria en el sofá.

Pero mucho, mucho mejor es cerrar los ojos mientras Óscar va trepando beso a beso, muerdo a muerdo por mis piernas y Bruce se desgarra la garganta en nuestro honor.

De hecho, hace poco me tomé la molestia de hacer una selección especial y os aseguro que estoy deseando que venga esta noche a casa para probar con él la nueva combinación estratégica de Secret Garden, My Hometown, Brilliant Disguise, Streets of Philadelphia, Blood Brothers, Cross My Heart...


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Re: El placer de la lectura... o lectura con placer

Mensaje  Lara Croft el Sáb Mar 05, 2011 9:59 pm

El contrapunto


http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/lac ... ectas.html

'Nadie dijo que fuéramos perfectas'

Habrá que entonar el mea culpa, chicas. No nos queda otra. Lo siento, pero se me colapsó la semana pasada el buzón de correo con mensajes de chicos detallando las cosas que hacemos que les bajan la libido y creo que es de justicia que reconozcamos, aquí y ahora, que nosotras tampoco somos perfectas.

Cuando pedí la ayuda de los lectores varones para poder escribir este post, lo hice pensando en que me mandarían listas interminables y variopintas de defectos que les quitan las ganas de llevarnos a la cama. Pero no. Digamos que en el 90% de los casos, los correos que me han llegado detallan nuestros malos vicios sexuales, y sólo un 10% se detiene en nuestra conducta antes de llegar al catre.

Es decir: de las tres C que citaba la semana pasada (cita, cena y coito), al 90% de los chicos que han respondido a mi petición les trae sin cuidado lo que hagamos en la cita y la cena, mientras no les arruinemos el coito. Aleccionador...

Otra cosa sorprendente es que, aunque yo me resistí todo lo que pude a entrar en texturas, olores y sabores (lo de los pies lo dijo él, no yo), los chicos han tratado a fondo esta cuestión. No lo pueden evitar, les gusta lo escatológico…

Pero vamos por orden. Haciendo un repaso a lo que va antes del sexo, los pocos que se han referido al asunto coinciden en que les baja la libido...

-Que no sepamos comportarnos en un restaurante. Y entre las cosas que nos han visto hacer a las mujeres está: comer "como trogloditas", comernos sólo una ensalada o negarnos a comer, ponernos la servilleta en la pechera (en mi vida), mirar compulsivamente el móvil o el reloj... Y (en esto tienen toda la razón), chicas, desempolvemos la cartera: de vez en cuando hay que pagar, compartir los gastos, o invitarles, que estamos en el siglo XXI.

-Que masquemos chicle. Ooooooodian el chicle. Y muchos también odian que nos sepa la boca a tabaco. Es otro magnífico motivo para dejar de fumar. Eso sí, pobres de aquellas que intenten aliviar la abstinencia del cigarrillo con chicles de nicotina…

-En la conversación está proscrito quejarse todo el rato (odian a las quejicas); decir que no nos gusta el sexo (de esto soy completamente inocente); presumir de que somos “hiper progres y mega tolerantes”; hablar de los ex novios, de las vacaciones de las amigas; que les preguntemos cuánto ganan, si tienen coche y si quieren tener hijos (al parecer es lo primero que se pregunta en EEUU…). Está prohibido hablar de casarse y algunos incluso prefieren no saber nuestros gustos literarios si éstos incluyen a Rosa Montero y Lucía Etxebarria (?). Recibí un correo en el que un chico decía que para él es la muerte erótica que una chica pronuncie las palabras “vagina” y “ano”. No me imagino el contexto de una primera cita en el que estas dos palabras entren en la conversación, la verdad…Salvo que lleguéis a la posición horizontal, pero entonces lo más seguro es que ya estaréis usando terminología menos científica.

-Tampoco les mola que bebamos demasiado, aunque alguno se empeñe en que no tengamos la copa vacía no vaya a ser que, en un momento de lucidez, decidamos que no nos gusta lo suficiente como para encamarnos con él.

-Está prohibido llevarles de compras en la primera cita. Y ahí me detengo, porque debo confesar que yo he cometido este pecadillo de juventud cuando me cité con un joven y, antes de nada, le arrastré literalmente a comprar el regalo de despedida de soltera de una de mis amigas a una tienda de lencería. No pretendía excitarle, pero tampoco pensé que se sentiría incómodo.El caso es que, cuando aquella cena terminó y decidíamos si dábamos el paso al coito, el chico, muy azorado, confesó que a él lo que le ponía era la ropa interior blanca y de algodón y que ver mi exquisito gusto por las transparencias, los ligueros y los encajes había fulminado por completo su excitación. Fuimos amigos, pero nunca amantes. Jamás pensé que a alguien se le bajara la libido al saber qué clase de lencería fina me gusta vestir. Por si acaso, no hagáis el experimento.

-Otra cosa que ABORRECEN es que no les digamos lo que nos apetece hacer. Vamos, el “me da lo mismo”, o el “no sé, decide tú” les saca de sus casillas. Es cierto que no hay que dar demasiada información sobre una misma, pero tan poca...

Respecto a nuestro aspecto físico, les mata…

-Que vistamos “una indumentaria de gala de los Oscar de un pueblo de Albacete: emperifollo indigesto y epiléctico”. Con toda la razón del mundo, vamos…

-Que alguien se presente con el pelo sucio y sin maquillar; o demasiado repeinada y maquillada, o con los tobillos anchos (qué desconsiderada… que se ponga los otros antes de salir de casa o lo advierta cuando le pidan una cita), o con un chupetón en el cuello (perfectamente comprensible), con halitosis (ufff), con demasiado perfume, con las uñas desconchadas, con las uñas largas, con zapatos incómodos que no le dejen andar… Eso en cuanto a lo que se ve a simple vista.


Porque de lo que hay por debajo, es unánime que a los chicos les horroriza…

-Que el sexo, por el motivo que sea, huela fuerte. Si te tienes que dar un agüita antes, adelante, no seas tímida, te lo va a agradecer (y, por favor, si eso te pasa a menudo, háztelo mirar…).

-Que estemos sin depilar. Pelos no. Ni un pelo. El 99% de los que contestaron dijeron que les gustaba más bien poco, invisible, incluso inexistente en el monte de Venus. El ideal es el famoso coño-muñeca (cuánto daño ha hecho el porno…). Aunque alguno afirmaba que le hacía ilusión ver vello ahí abajo, reconocía que mejor si era meramente testimonial. Hubo uno que escribió con toda su paz que a los chicos les gustaban depilados con láser, que si no, pobrecitos, se pinchan. Vamos, que a nosotras no nos duele que nos acaricien el mismísimo con barba de cuatro días, y más si estás depilada como una Barbie. Qué va, hombre, qué va… si lo tenemos de esparto. Que ya he averiguado yo para qué puso Dios pelos en esa parte del cuerpo: como mecanismo de defensa: “Me atacas con tus barbas, pues prepárate para meterte en la selva, que esto es la guerra”. Un amante que tuve gastaba barbita incipiente y sin afeitar y, las veces que hacía incursiones por ahí abajo me dejaba la zona cero como si me hubiera pintado los labios…

-Las piernas también tienen que estar bien depiladas y las axilas ni te cuento.

-Pero es que los hay que entran en detalles como que no puede haber ningún granito en zonas besables del cuerpo, ni tatuajes, ni piercings, ni oler a crema, ni a sudor (prefiero la crema), ni los pies mal arreglados…

La ropa interior, aunque nos pensemos que ni se fijan en ella, ha hecho correr ríos de tinta en esta encuesta.

-Desengañaos: los chicos no son tontos y odian los pantys. Y, oh sorpresa, no son muy partidarios de los tangas salvo que tengas un culo de infarto.

-Por supuesto aborrecen con especial inquina la ropa interior fea, insulsa, desgastada y/o de color carne. El color carne, el visón y el béis tienen que morir. Es así de sencillo. Y las firmas de lencería tienen que entender de una vez que hay que fabricar más sujetadores color rosa claro que es 100% invisible, mucho más elegante, y no provoca que nuestros chicos sientan repugnancia al verlos. Haced la prueba. Por cierto: las bragas de Piolín, el pato Donald y Hello Kitty no están invitadas a esta fiesta. No les hacen gracia. Ojo, ni los sujetadores con relleno.

Vale. Imaginemos que ambos hemos superado la cita, la cena y estamos en casa de uno de los dos camino del coito.

-Ni se te ocurra hacer nada en el váter que implique ruidos escatológicos y tirar compulsivamente de la cisterna (eso vale para todos, chicos), ni te sientes en el excusado delante de él. Pero eso nunca: ni en la primera cita ni en la última. No hay nada que mate más la pasión en una pareja que meterse juntos en el baño, que no somos todo espíritu…

-No se practica el sexo en la cama de la abuela (que les da mal rollo), ni con las mascotas mirando (que se desconcentran), ni con la compañera de piso al lado (que les da corte)…

-Tampoco se le habla al pene. Da igual si él le llama Pequeño Juan, o Terminator, tú no tienes tanta confianza porque acabáis de ser presentados. Así es que no le hables, que no te va a contestar, ni le hagas vestiditos con tus calcetines, ni lo muerdas, ni lo compares con el de tu ex (qué mal gusto), ni lo estrujes, ni lo agites como si fuera una coctelera…

-La mayoría no soportan que estemos acomplejadas por el físico, así es que no te disculpes por tener poco pecho, o estrías y no le hagas notar que no tiene los abdominales como Cristiano Ronaldo (ya lo sabe).

En cuanto a la actitud durante el sexo…

-No gastes bromas para quitarle las ganas si a ti no te apetece; se honesta y di que no. Y avisa si tienes la regla (tiene derecho a saberlo).

-No te conviertas en la novia cadáver: enciende la luz y sé activa, que les mola que participemos el polvo que estamos echando, que parezca que estás disfrutando y que sea verdad. No hay nada que les fastidie más que finjamos MAL un orgasmo. Es como copiar en un examen: tú puedes hacerlo, pero siempre que no te pillen…

-No chilles como si estuvieses poseída, ni le llames “campeón”, ni le hables con acento cubano, ni le indiques como si fueras un GPS (guiarles de la manita es mucho mejor)... Pero sobre todo y por encima de todas las cosas no le preguntes: “¿La has metido ya?”.


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